Vicente

Un día de locos

Por Vicente

Normalmente soy bastante tranquilo, no suelo alterarme por cualquier cosa, pero hace poco tuve uno de esos días en los que la vida pone a prueba mi paciencia. Era cierre de mes, así que como de costumbre teníamos muchísimos pendientes; era día de irnos más tarde a casa hasta dejar todo en orden. Desde un día antes ya estaba mentalizado para ello, pero nunca imaginé lo que me esperaba.

Llegué media hora antes al negocio, con prácticamente todo el espacio disponible en mi Avanza Cargo repleto de flores y cajas con material para los arreglos. Las cosas pintaban bien, el clima estaba muy agradable e incluso pasé a la cafetería por mi chai mañanero. Estaba de buen humor, dispuesto a trabajar, cuando de pronto me di cuenta que tenía cinco llamadas perdidas de uno de mis asistentes y un mensaje en el cual me explicaba que estaba internado porque se había intoxicado con sushi una noche antes. Al enterarme me preocupé mucho por su bienestar y en cuanto le iba a llamar para ver cómo seguía, me entró la llamada de mi otro asistente diciéndome que no iría a la floristería porque estaba cuidando a su mamá recién operada. Por si fuera poco, continuando con las malas e inesperadas noticias, la cajera llegó con fiebre y sintiéndose tan mal que mejor le pedí un taxi para que regresara a su casa a descansar.

De pronto me vi solo, encargado de absolutamente todo. Pensé que no lo iba a lograr, me estresé por unos minutos. Luego le llamé a mi esposa para contarle todo y supo decirme lo que necesitaba oír para darme el impulso que me hacía falta. Al final lo logré, motivado y agradecido por tener un trabajo que disfruto tanto. ¡Todo salió bien!

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